La despedida en el aeropuerto

Después de haber dormido poco con el fin de aprovechar el máximo que nos quedaba en Islandia, preparamos el equipaje y partimos con destino a Reykjavik en el coche en el que tantas conversaciones habíamos mantenido –yo menos porque me dormí en TODOS los traslados que hicimos-. Llegamos al aeropuerto con tiempo de sobra para no ir con prisas, así que facturamos las maletas y nos pusimos a comer lo que nos habían preparado.

 

 

Después de pasar el control de seguridad estábamos un poco decepcionados ¡Nos habían quitado el jamón serrano! Sin duda los encargados tuvieron un buen festín cuando terminaron su jornada… Cuando nos quisimos dar cuenta faltaban 15 minutos para que los que íbamos a Madrid embarcásemos, por lo que fuimos a hacer las últimas compras y nos despedimos de todos los miembros de la expedición. Hubo lágrimas y palabras muy bonitas, pero en el fondo sabíamos que íbamos a volver a vernos, quizás no todos juntos, pero si por separado.

Nos abrazamos uno por uno, nos dijimos los últimos mensajes antes de marchar y nos fuimos a la puerta de embarque. La expedición se había acabado, volvíamos a casa; sin embargo, partimos con la idea de comenzar nuevos proyectos juntos, de hacer que La Ruta de las Estrellas sea más que un viaje y, por eso, pudimos consolarnos sabiendo que nos vamos a poder ver muy pronto.