Desarrollo de las habilidades personales y emprendedoras a través de la ciencia y la astronomía

 

¿Al límite?

 

La parte cenital de nuestra ruta, después de observar nuestras ansiadas Perseidas, ha sido una estancia en el desierto del Sahara. El objetivo principal era observar un cielo con una contaminación lumínica prácticamente nula y en un lugar tan extremo como el Sahara.

En primer lugar, salimos de nuestro lujoso hotel en Ouarzazate y nos dirigimos a un camino sin asfaltar. Después, pasamos por un desierto de piedras, por el campamento de una tribu nómada y vimos tornados, camellos y dunas. Cuando llevábamos un par de horas de trayecto por pista, nuestro conductor, Moha, nos advirtió de las altas temperaturas ya que, en ese momento, superamos el umbral de los 50ºC. Hicimos una pequeña parada para buscar meteoritos y fósiles que me apasionó, siempre me ha gustado la paleontología y geología. Finalmente, ya bastante por la tarde, cuando el calor había bajado, llegamos. Las primeras sensaciones eran muy buenas, todo parecía ir viento en popa.

El segundo día, después de una temprana caminata matutina por las dunas, empezó el calor de verdad. Las temperaturas subieron más de quince grados en un par de horas. La realidad es que, con un calor de unos 45-50ºC, no se podía trabajar. En primer lugar, el hecho de concentrarse era casi imposible: nuestros cerebros no funcionaban con normalidad. En segundo lugar, no nos quisimos arriesgar a encender los aparatos electrónicos, pues con tal temperatura se pueden estropear. Nos pasamos de las nueve de las nueve de la mañana a las siete de la tarde encerrados en la jaima principal jugando con los juegos de Carlos. La bebida fría es un buen elemento de apuesta en tal situación.

Gracias a esta experiencia he aprendido algunas cosas. Primeramente, a partir de ahora valoraré cada gota de agua que beba pues, aunque este recurso no escaseaba, sí lo hacía en forma refrigerada, ya que no era bueno tomarla a esa temperatura ambiente. Después, he aprendido que ninguna situación es tan extrema como nos pensamos: pese a que ese calor era inhumano, semanas antes, en ese mismo campamento, llegaron a los sesenta grados y siguieron allí. Además, pese a que se valoró como una de las experiencias más extremas de Shelios, no nos faltó de nada. Estuvimos inutilizados durante unas horas, pero salimos adelante. ¡Con los medios suficientes y las ganas, se pueden cruzar desiertos!

En definitiva, la estancia en el desierto fue una experiencia muy extrema, nunca nos habíamos ni acercado a una temperatura tan alta como a la que nos vimos expuestos en el campamento. A pesar de eso, creo que el estado nunca fue crítico. Hemos salido del Sahara con arena en los zapatos y un poco más sabios que cuando entramos.

Robert Vila. Observatorio Astronómico de Albanyà.