Desarrollo de las habilidades personales y emprendedoras a través de la ciencia y la astronomía

 

A veces los sueños se hacen realidad

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Mi viaje empezó un buen día de Instituto en el que me contaron que se organizaba un curso de selección para dar una beca de astronomía. Por aquel entonces, tenía mucha curiosidad hacia este tema: siempre que encontraba un documental o vídeo divulgativo lo miraba con pasión. Superé el curso pendiente del resultado, sin saber el ganador de la experiencia. Semanas después, me comunicaron que sería yo quien iría al viaje. La cuenta atrás empezó. El “aún quedan tres meses” se convirtió en el “solo quedan dos semanas”.

La fecha llegó. Al encontrarnos, aunque no nos conocíamos de nada, la química surgió al instante. Los desconocidos se volvieron conocidos. Los primeros días empezaron las clases con Carlos. Sin Carlos, la formación de la Ruta de las Estrellas no estaría completa, es el complemento perfecto a las charlas científicas. Sus juegos me han hecho dar un paso agigantado hacia la superación personal. He perdido mi miedo al cambio, a tomar decisiones.

Los siguientes días avanzamos con las charlas por parte de los exruteros y Miquel. De todas aprendí mucho. En especial, me gustó la interdisciplinaridad que tenían en sus trabajos. Gracias a esas clases magistrales creo que tengo mucho más claro mi destino universitario.

En el Atlas, terminamos los preparatorios para la observación de las Perseidas: el gran evento se acercaba. La noche de la lluvia de estrellas tuvimos la suerte meteorológica que nos merecíamos. El espectáculo de verdad empezó cuando la Luna se puso: el mejor cielo que había visto en mi vida, coronado por una preciosa Vía Láctea, se alzaba sobre nuestras cabezas. Esa noche, y todas las anteriores, aprendí un montón sobre fotografía.

Los siguientes días nos dirigimos al desierto. De allí me quedo con todos los aprendizajes de los nativos, con la salida del anaranjado Sol entre las dunas y la experiencia de estar a 50 grados. Salimos de allí con mucha más cohesión de grupo. Aprendí que en situaciones extremas es necesario el trabajo grupal bien organizado para salir adelante.

Después de pisar el Sáhara, con mucha arena en los zapatos, pusimos rumbo hacia el Valle Feliz. Lo que me impresionó más de allí es la gente. A menudo, las personas que menos tienen son las más generosas. Ese punto me marcó mucho y reflexioné bastante rato sobre eso. Creo que todas las culturas tenemos mucho que aprender unas de las otras. Finalmente, después de una breve visita a la embajada jamaicana, llegamos a Marrakech. Pasamos la última noche allí y, el día siguiente, volvimos a Barcelona.

Ya en casa, tengo más perspectiva de lo que ha supuesto este viaje para mi. He acabado esta expedición con muchos más amigos y con un gran saco de experiencias y conocimientos técnicos. No obstante, no es con eso con lo que me quedo, sino que creo que he crecido mucho como persona. Siempre recordaré esta travesía como el momento en el que gané mucha confianza en mí mismo, el instante en el que aprendí a tomar decisiones y los días en que, por fin, empecé a conocerme a mi mismo. ¡Ha sido una de las mejores experiencias de mi vida! Solo me queda dar gracias a todos los que han hecho posible este sueño cumplido.

Robert Vila Alsina, Observatorio Astronómico de Albanyà