Desarrollo de las habilidades personales y emprendedoras a través de la ciencia y la astronomía

 

Instantes compendiosos e irrepetibles

Un Airbus A-320 iniciaba el descenso, abría el tren de aterrizaje y se preparaba para un aterrizaje ordinario en el aeropuerto del Prat. No era más que uno de los centenares de vuelos que transitaba aquel día por el aeropuerto de la ciudad Condal, no eran centenar y medio más de los millones de pasajeros que cada año transitan el espacio aéreo. De esta ínfima muestra, un grupo de expedicionarios aún más mísero se disponía a volver a sus respectivos lares, después de haber vivido aproximadamente de media menos de una milésima parte de sus vidas en aquellos territorios distantes. ¡Qué insignificante puede ser todo visto desde lejos!¡Qué pequeña puede parecer Barcelona vista des del cielo¡¡Qué grande puede parecer la figura de mi persona de baja estatura a los ojos de una pequeña hormiga reina!

No obstante, aquellos expedicionarios habían experimentado su humanidad en la individualidad y a la vez la cooperación de la expedición. Aquel día 5 de setiembre todo acababa. Lejos había quedado Islandia, más aún Groenlandia, sin embargo, el recuerdo, las vivencias todos la tenían a tocar. De hecho, uno de sus miembros, el insignificante escritor de este texto puede ahora revivir todos aquellos días, con tan claridad que podría hasta hacer un buen libro. Pero como esa no es su tarea, se limita a agradecer a todos los miembros de la expedición el buen trato recibido y los grandes momentos vividos y, asimismo, a destacar aquello que más le ha marcado de la experiencia.

Agradezco así las visitas por Islandia, en el Geysir, en las diferentes cascadas, las noches de observación de auroras; y ya en Groenlandia, los viajes en Zodiak, el paso por Fletanes, los sueños bajo las auroras en Tasiusaq y cada instante en sí.

Porque, al fin y al cabo, como creo que dijo Guillermo en su exposición, y sino todos hemos comentado, ir a Islandia es exclusivo, a Groenlandia más, ir a observar auroras más aún, pero si hay algo irrepetible de verdad, es hacer todo esto a la vez con todos los expedicionarios. La expedición ha supuesto un antes y un después, hemos aprendido de ciencia, pero más allá de la ciencia (que nos motivó a entrar en este camino) salimos crecidos, tal vez no físicamente, pero sí mentalmente. Particularmente, creo que he aprendido a valorar aquellas cosas pequeñas, aparentemente insignificantes, aquellos pequeños engranajes de las turbinas del avión que nos llevó a Islandia, porque son todos los instantes y todas las personas de la expedición lo que harán que nunca olvide esta experiencia.

Así que vuelvo con mi visión mejorada, pues ahora es más detallista, me marcho viendo la ruta como un conjunto semejante al conjunto de los números primos. Un conjunto único, donde cada elemento es importante y da forma al conjunto y (aunque tal vez la ruta sea compuesta por limitados participantes) siempre está abierta a nuevos, como los infinitos descubrimientos de números primos. Y dicho esto, a los futuros participantes, ¡haceros números primos de la ruta de las estrellas!

- Ivan Salvador. Programa CiMs+CELLEX

Fin del sueño

Para mí todo empezó por un pequeño club de astronomía, dirigido por nuestra profesora Celina a la que tanto tenemos que agradecerle. Desde entonces comenzamos a formar parte de uno de los viajes más increíbles que alguien puede llegar a vivir: La Ruta de las estrellas. Y es que el viaje no empezó en Islandia sino en El Observatorio del Teide. Gracias a este proyecto experimenté una fantástica semana en la que, a pesar de la presión que conllevó, llegué a aprender muchísimas cosas y, por supuesto, no la cambiaría por nada. Y todo ello gracias a los compañeros que tanto me enseñaron, personas que siempre llevaré conmigo por demostrarme que la amistad no entiende de límites ni distancias.

Tras esa semana, llegó la mejor recompensa que podría existir: Islandia y Groenlandia. Dos lugares increíbles y “salvajes” cuyos paisajes quedaron grabados en mi memoria. Ninguno de nosotros imaginaba todas las anécdotas, chistes, sustos, cantos, bailes y risas que allí íbamos a vivir. Por no hablar de nuestra primera noche de auroras boreales, objetivo principal de nuestra expedición. Sin duda alguna fue uno de los momentos más “inefables” de todo nuestro paso por la Ruta de las estrellas.

Ese sueño ya ha terminado, y ahora de vuelta en la realidad, abro los ojos cada mañana con la esperanza de abrir la puerta de mi habitación y volver a disfrutar de la vista del glaciar justo delante de mí, de los iceberg varados en la playa, de los graznidos de las gaviotas o los sonidos que producían las masas de hielo cada vez que caían al agua. Es muy difícil explicar con palabras todo lo que ha supuesto para mí este proyecto: todo el conocimiento adquirido, las experiencias vividas y los sentimientos encontrados. Por eso no me quedo con el proyecto Ruta de las estrellas, sino con Las estrellas de la ruta, que me han hecho crecer a nivel personal y que, a partir de ahora, iluminan cada noche mi cielo.

- Nayra Expósito. Gob. Canarias

Una experiencia inolvidable

Si hace unos años me hubieran dicho que pasaría dos semanas de mi verano en Islandia y Groenlandia, observando auroras, le hubiera dicho que no me lo creía. Y ahora, terminada la expedición, no me creo aún el haber formado parte de esta gran familia que se llama Ruta de las Estrellas.

Durante el viaje pude conocer dos maravillosos países y sus gentes. Islandia, con sus prados verdes, sus impresionantes cascadas de agua y sus caballos. Groenlandia, una región muy inhóspita que tiene una naturaleza con un encanto especial. Además, pude observar las auroras por primera vez, y qué observaciones. Gracias al buen tiempo, durante casi todas las noches el cielo se iluminaba de colores de todo tipo, creando formas y un espectáculo difícil de explicar con palabras.

No me imaginaba viviendo aventuras apasionantes como bañarse en el Ártico dos veces, encima de icebergs; comer caribú, foca, piel de ballena o buey groenlandés; navegar en Zodiac por los fiordos o por delante de una impresionante barrera de hielo con un capitán inuit un poco peculiar o tomarse un “refresco” con cubitos de hielo de glaciar.

Tampoco quiero olvidarme de la parte personal, es decir, de los buenos momentos que he pasado con mis compañeros de aventura, especialmente los momentos de risa, música i chistes (buenos y malos). Compañeros que no conocía de nada antes de la llegada al aeropuerto de Barcelona, pero que a lo largo del viaje hemos compartido emociones especiales. Espero volver a vernos otra vez, si no en Groenlandia, en Camprodon.

Para terminar, me gustaría agradecer a todas las personasque han hecho posible esta aventura y que disfrutara al máximo de ella; empezando por Miquel, Carlos y Miguel, y terminando por el resto de jóvenes estudiantes, los fotógrafos, los contraplanistas, la gente que nos acompañóa lo largo de la expedición por ocio y los guías de Groenlandia. Muchas gracias a todos.

- Carlos Viles. Programa Joves i Ciència

En un abrir y cerrar de ojos

Sin darnos cuenta ya ha acabado una experiencia que creo que no puedo describir con exactitud, esta empezó en nuestro instituto con un pequeño club de astronomía. Al poco tiempo, tuvimos la oportunidad de quedarnos una semana en el Observatorio del Teide donde aprendimos muchísimo para el poco tiempo que estuvimos. Fue una semana que no me esperaba para nada, pude conocer a personas tan humildes y simpáticas que espero volver a ver. Después de la estancia en el Teide solo recuerdo estar bajándome del avión y esperando en el aeropuerto de Barcelona a los ruteros. Este viaje hemos reforzado muchas amistades e integrado algunas otras pero durante la expedición hemos sido como una familia unida y entregada. 

El principal objetivo era ver las auroras boreales. La única palabra para explicarlo es inexplicable ya que tienes que ver dicho espectáculo allí mismo, acostado en el borde de una carretera sin luces alrededor. Aunque este viaje en mi caso fue de enriquecimiento personal, me di cuenta de muchas cosas que suceden en mi vida que yo no le prestaba mucha atención pero que en realidad son pilares fundamentales. 
La ruta ha sido una experiencia que no tiene comparación ya que te enriquece de un conocimiento que no vas a poder adquirir de otra forma.
Nos volveremos a ver en la próxima expedición a Camprodon 2017...
 
Gracias a todos por hacer este viaje una experiencia única e inolvidable. 
 
- Melisa Yanes. Gob. Canarias